martes, 2 de junio de 2009

Sociedad del siglo XIX: La vivienda y la adolescencia.

La sociedad del siglo XIX era una sociedad aún dividida en clases donde la burguesía tenía el máximo poder. Se estaba sufriendo el éxodo rural, que hacía que las familias emigraran a la ciudad en busca de trabajo en fábricas, trabajos que resultaban tener unas condiciones nefastas y donde las jornadas laborales superaban las 14 horas con salarios excesivamente bajos que no permitían llevar unas condiciones de vida favorables.

Las casas eran muy pequeñas e incómodas, situadas tras los talleres donde pasaban la mayor parte del día trabajando y junto a las cuadras donde se encontraban los animales. En una minúscula residencia para apenas un matrimonio, llegaba a vivir el matrimonio, los hijos del matrimonio (que no solían ser pocos), las mascotas del matrimonio y los millones de objetos que una familia puede llegar a acumular con el paso de los años: utensilios de cocina, juguetes para niños y mil trastos más que habían dejado de funcionar hacía años pero que se apilaban en los rincones más inusuales de la pequeña residencia.
El mayor problema de la falta de espacio de las viviendas se daba cuando llegaba la hora de dormir, ya que solo el matrimonio tenía habitación propia. Los demás miembros de la familia se tenían que repartir la casa como buenamente podían, haciendo uso del desván, de habitaciones microscópicas donde tenías que dormir tres persona, o, incluso, de la fría cocina para el desafortunado benjamín de la familia.

Tampoco era de extrañar que al más pequeño le tocara la habitación más insólita para dormir, ya que el trato que recibían los niños y adolescentes en el siglo XIX dejaba mucho que desear.
Para empezar pequeños de menos de 7 años se veían obligados a abandonar la escuela para trabajar como mano de obra barata, teniendo que soportar la violencia física que sus superiores ejercían sobre ellos, y cobrando la misma miseria, incluso menos, que los adultos.
Pero la situación no mejoraba cuando llegaban a casa, ya que recibían el mismo trato que los objetos inútiles que se amontonaban por las esquinas de la vivienda.
Cosas tan educativas como "¡Vete a tu rincón!" se escuchaban con frecuencia en los barrios obreros del siglo XIX y no iban dedicadas más que a pobres niños que se sentían un estorbo, que pensaban que ni hacían ni dejaban hacer y que en sus pequeñas casas había sitio para todo menos para ellos.
Ana Mula Mesa. 4º ESO A

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